La Mañana de San Juan Lyrics

Romances Tradicionales Españoles

Tomás Lozano

La Doncella Guerrera

En Sevilla un sevillano,

todas siete fueron hembras,

A la más chiquita d’ellas

de ir a servir a la guerra,

-No temáis padre querido,

me daréis las vuestras armas,

-Conoceránte en los pechos

-Yo los apretaré, padre,

Al montar en el caballo

por decir maldita sea,

El rey que la estaba oyendo

-¡Madre los ojos de Marcos

-Convídala tú hijo mío

Que si ella fuese hembra,

Toditos los caballeros

y el caballero Don Marcos

-¿Por qué llora usted Don Marcos?

cartas me fueron venidas,

Que se halla el conde mi padre

Licencia le pido el rey

-Don Marcos esa licencia

Ensilla el caballo blanco

-¡Adiós, adiós, el buen rey,

que dos años te sirvió

Oyéla el hijo del rey,

-¡Corre, corre hijo del rey,

hasta en casa de mi padre,

Abra las puertas mi padre,

Madre, sáqueme la rueca,

que las armas y el caballo

Tras ella el hijo del rey

siete hijas le dio Dios,

que ninguna fue varón.

le llegó la inspiración,

vestidita de varón.

que a la guerra iré yo,

vuestro caballo trotón.

que asoman bajo el jubón.

al par de mi corazón.

la espada se le cayó

dijo: -¡Maldita sea yo!

de amores se cautivó.

son de hembra y no de varón!

a los ríos a nadar.

no se querrá desnudar.

se empiezan a desnudar

se ha retirado a llorar.

-Porque debo de llorar,

cartas de grande pesar.

enfermo para finar.

para irle a visitar.

no te la quiero estorbar.

de un salto se va montar.

a tu palacio real;

una doncella leal!

tras ella va a cabalgar.

que no me habrás de alcanzar,

si quieres irme a buscar!

ábralas de par en par.

que traigo ganas de hilar,

bien los supe manejar.

a la puerta fue a llamar.

La Dama d’Aragó

A Aragó hi ha una dama

Té la cabellera rossa

Ai, amorosa Anna Maria,

ai, de l’amor.

 

Sa mare la pentinava

Sa tia els hi esclaria,

Ai, amorosa Anna Maria,

ai, de l’amor.

 

Cada cabell una perla,

cada anell d’or una cinta,

Ai, amorosa Anna Maria,

ai, de l’amor.

 

Son gemà se la mirava

No fóssim germans, Maria

Ai, amorosa Anna Maria,

ai, de l’amor.

que és bonica com sol.

li arriba fins els talons.

robadora de l’amor,

 

 

amb una pinteta d’or.

els cabells de dos, en dos.

robadora de l’amor,

 

 

cada perla, un anell d’or,

que li volta tot el cos.

robadora de l’amor,

 

 

amb un ull tot amorós.

mos casaríem els dos.

robadora de l’amor,

Las Tres Mozuelas

Al revolver de una esquina,

vide venir tres mozuelas.

Me puse a remirarlas,

no me parecieron feas.

Las convidé a garbanzos,

dicen que no tiene muelas.

Las convidé a pan blanco,

dicen que son panaderas.

Las convidé a turrones,

eso es lo que quieren ellas.

Una pidió cinco libras,

otra pidió cinco y media.

Cogieron la calle arriba,

yo me fui detrás de ellas.

Y al revolver una esquina,

estaba la casa de ellas.

Se metieron para dentro,

y a mí me dejaron fuera.

Me echaron un papelito,

por debajo de la puerta.

En el primer renglón dice:

“Vaya el tonto a la alameda,

en busca de otras mozuelas,

que éstas en su casa quedan.”

Y eso le pasa a los hombres,

por fiarse de mozuelas.

Y eso me pasó a mí,

por yo fiarme de ellas.

quilla por aquí, quilla por allí,

 

quilla por aquí, quilla por allí,

 

quilla por aquí, quilla por allí,

 

quilla por aquí, quilla por allí,

 

quilla por aquí, quilla por allí,

 

quilla por aquí, quilla por allí,

 

quilla por aquí, quilla por allí,

 

quilla por aquí, quilla por allí,

 

quilla por aquí, quilla por allí,

 

quilla por aquí, quilla por allí,

 

quilla por aquí, quilla por allí,

 

quilla por aquí, quilla por allí,

 

quilla por aquí, quilla por allí,

 

quilla por aquí, quilla por allí,

Del Enamorado y
la Muerte

Un sueño soñaba anoche,

Soñaba con mis amores

Vi entrar señora tan blanca

–¿Por dónde has entrado, amor?

Las puerta están cerradas,

–No soy el amor, amante:

–¡Ay Muerte tan rigurosa,

–¡Un día no puede darte,

Muy deprisa se calzaba

ya se va para la calle

–¡Ábreme la puerta, blanca,

–La puerta, ¿cómo he de abrirte

Mi padre no fue al palacio

–Si no me abres esta noche,

la Muerte me está buscando

–Vete bajo la ventana

te echaré cordel de seda

si la seda no alcanzare

Ya trepa por el cordel

cuando cerca va llegando

La fina seda se rompe

La muerte que allí venía

–¡Vamos, el enamorado,

soñito del alma mía,

que en mis brazos los tenía.

muy más que la nieve fría.

¿Por dónde has entrado, vida?

ventanas y celosías.

la Muerte que Dios te envía.

déjame vivir un día!

una hora tienes de vida!

más deprisa se vestía;

en donde su amor vivía.

ábreme la puerta niña!

si la ocasión no es venida?

mi madre no está dormida.

ya no me abrirás, querida;

junto a ti, vida sería.

donde labraba y cosía,

para que subas arriba,

mis trenzas añadiría.

hacia la alta barandilla;

cruza el aire una cuchilla.

él sobre piedra caía.

guadaña en mano traía.

la hora ya esta cumplida!

El Corregidor y la Molinera

En la provincia de Huelva, había un molinero honrado
que ganaba su sustento con un molino arrendado
y era casado con una moza
que era una rosa y era tan bella
que el Corregidor, madre, se prendó d’ella.
La regalaba, la prometía,
Hasta que un día
la pidió los favores que pretendía.

 

Responde la molinera: -Vuestros favores admito,
pero siendo si nos pilla, mi marido en el garlito,
porque el maldito tiene una llave,
con la cual entra con la cual sale,
cuando es su gusto,
puesto es que nos pille y nos dé un gran susto.

 

Responde el Corregidor: -Me estoy haciendo a la idea
de mandarle en el molino algo que allí le entretenga.
Según lo digo: ¿Será de trigo
porción bastante?
Que lo muela esta noche que es importante.
Para una idea que tengo oculta
bajo la multa de doce duros.
Así, será del modo estemos seguros.

 

Allí por aquel molino ha pasado un pasajero
que entendía de moler tan bien como el molinero:
-Si tienes ansia por irte a casa
vete tranquilo,
que esta noche sin falta se muele el trigo.

 

Lo agradeció el molinero y se fue como un cohete
y a las doce de la noche llega a su casa y se mete,
en su retrete
cuando en su cama
vio a la dama con mucho empeño
y al corregidor que ambos están en sueño.
Y en una silla muy recogido
todo el vestido sin faltar nada,
reloj, sombrero,
capa y espada.

 

El molinero se puso, con contento y alegría,
del corregidor el traje y dejó el que él traía.
Tomó la guía para su casa
por ver qué pasa,
llamó a la puerta
y le abrió el criado que estaba alerta.
Entró en la casa
sin ser notado
se fue a la alcoba
se metió en cama
con la corregidora que es linda dama.

 

Despertó el corregidor y ver la hora procura,
pero al buscar el reloj extrañó la vestidura.
Con amargura
la molinera
toda se altera
y ha respondido:
-¡Ay, señor esa ropa es de mi marido!

 

El corregidor temblando, que el delito le acobarda
por salirse de aquel sitio en vestirse no se tarda.
Para volverse
con capa parda,
toda jirones,
chupa y calzones
con mil remiendos,
y unas polainas
y unas albarcas
de piel de vaca.
Con estaca y montera se fue su casa. (Y detrás la molinera)

 

Llegó llamando a su casa, y nadie le respondía,
y tanto llamó al criado, responde: -¡Qué, qué quería!
Y él le decía
a grandes voces:
-¿No me conoces?
Que soy tu amo.
¿Cómo no abres la puerta
cuando te llamo?
Dijo el criado:
-¡Calle y no muela!
Vaya a su abuela
con esa trama;
que mi amo contento duerme en su cama.

 

Se estuvieron en la puerta
de buena o de mala gana
hasta las nueve del día,
los dos toda la mañana.
¡Suerte tirana!
pues el cuitado
muy afrentado
con gran paciencia,
sufre tras de los cuernos las penitencia.
Y ella lo mismo
en compañía,
pues no sabía
dónde encubrirse,
hasta que el molinero quiso vestirse.

 

Viendo la corregidora que aquel no era su marido,
se ha arrojado de la cama cuál león enfurecido:
-Dime, atrevido,
¿cómo has entrado
y has profanado
mi gran decoro?
¡Qué me has perdido!
¡Dime!¿Quién te dio el traje
de mi marido?

Se salieron a la calle. Cuando allí todos se vieron,
porque nadie los notase, en su casa se metieron,
y dispusieron
como hombres sabios
que sin agravios
por el desquite
se celebre el suceso con un convite.

 

Porque en la corte por el dinero
Hay más corregidores que molineros.

Yo me levantara,
Madre

Yo me levantara, madre,

vide estar una doncella,

sola lava y sola tuerce,

 

Mientras los paños s’enjugan

–¿Dó los mis amores, dó los?

 

Mar abajo, mar arriba,

peine de oro en las sus manos,

 

–Dígasme tú, el marinero,

si los vistes a mis amores,

mañanica de San Juan;

ribericas de la mar;

sola tiende en un rosal.

 

dice la niña un cantar:

¿Dónde los irá a buscar?

 

diciendo iba un cantar,

y sus cabellos peinar.

 

que Dios te guarde de mal,

si los viste allá pasar.

La Peregrina

Iba la peregrina con su esclavina

con su chaqueta y su bordón.

Lleva zapato blanco, medias de seda,

sobrero fino que es un primor.

Tiene rubio el cabello tan largo y bello

que el alma en ello se me enredó.

Y en su fino espejo de oro madejo

su amor y el mío se aprisionó.

Camino de Santiago con gran halago

mi peregrina me encontré yo,

y al mirar su belleza con gran presteza

mi peregrina se hizo al amor.

El Conde Arnaldos

¡Quién hubiera tal ventura

como hubo el Conde Arnaldos

Andando a buscar la caza,

vio venir una galera

las velas trae de seda,

áncoras tiene de plata,

Marinero que la guía

que la mar ponía en calma

las aves que van volando

los peces que andan al hondo

Allí habló el Infante Arnaldos,

-Por tu vida, el marinero,

Respondióle el marinero,

-Yo no digo mi canción,

sobre las olas del mar,

la mañana de San Juan!

para su falcón cebar,

que a tierra quiere llegar;

las jarcias de oro torzal,

tablas de fino coral.

diciendo viene un cantar

los vientos hace amainar,

al mástil vienen posar,

arriba los hace andar.

bien oiréis lo que dirá:

dígasme ora ese cantar.

tal respuesta le fue a dar:

sino a quien conmigo va.

La Complanta
d’en Guillem

Planyeu-vos, camps de Dela, serra d’Espill!

La vostra flor més bella, no la teniu;

l’arbre de verdes branques caigué i morí!

 

Los dos barons pugnaven de temps antic;

tronava la tempesta per valls i cims:

un jorn l’arc de bonança veren lluir.

 

Era Guillem de Dela gallard fadrí,

en arts de pau i guerra fort i subtil,

i els cavallers li deien lo rei dels nins.

 

Serventa de la Verge, Blanca d’Espill

era conhort de pobres i pelegrins,

per tots anomenada la flor de llir.

 

—D’Espill, pubilla i dona, obre’m ton pit:

coneixes al de Dela, lo rei dels nins;

per senyor lo voldries?—Oh mare, sí!»

 

—Hereu de mon llinatge, Guillem, mon fill:

bé saps quina és Na Blanca, la flor de llir;

per fembra la voldries?—Oh pare, sí!»

 

Reberes als de Dela, palau d’Espill.

Ensems Guillem i Blanca foren ací;

que un sol mot se diguessen no es va sentir.

 

Mes semblà que la sala de llum s’omplí

i que olor se movia de Paradís,

i ella es tornà més bella, ell més gentil.

 

Ai!, de la sort de l’home, qui sap la fi?

Vingué una torrentada de sarraïns,

trencant castells i pobles i monestirs.

 

Del pont major de Dela ja són al mig;

Guillem surt amb sa maça fortament ferint,

mes tremolant sageta se n’hi va al pit.

 

—Adéu, vassalls de Dela, fidels amics!

Adéu, pare, adéu, Blanca, pregueu per mi,

que cap a Jesús vola mon esperit!

 

Ara, ben lluny plantada de sa raïl,

a dins d’ombrívol claustre benedictí,

al cel son perfum llança la flor de llir.

 

Planyeu-vos, camps de Dela, serra d’Espill!

La vostra flor més bella, no la teniu;

l’arbre de verdes branques caigué i morí!

La Loba Parda

Estando yo en mi chozuela

vide venir siete lobos

venían echando suertes

Le tocó a una loba tuerta,

siete vueltas dio al redil

de las siete pa las ocho

hija de la borrega prieta,

-¡Arriba, siete cachorros,

El primero que la coja

siete cuartillos de leche

Los perros desqu’esto oyeron

A la salida de un monte,

allí encontraron la loba;

-Ahí tenéis a la borrega

-No queremos la borrega

que queremos tu pelleja

de la cabeza un zurrón

de las tripas pa vihuelas

pintando la mi cayada

por una larga cañada,

quien entraba en majada.

coja y derrengada,

y no pudo sacar nada;

sacó la borrega blanca,

nieta de la borrega parda.

arriba, perra guardiana!

tendrá la ración doblada:

y otros tantos de cuajada.-

con la patas menuzaban.

al entrar a una barranca,

tenía la borrega blanca.

tan sanita como estaba.

de tu boca esmenuzada,

pa’l pastor una zamarra;

para meter las cucharas,

para divertir las damas.

El Conde Olinos

Madrugaba el Conde Olinos

a dar agua a su caballo

Mientras su caballo bebe

Todas las aves del cielo

caminante que camina

navegante que navega

-Bebe, bebe mi caballo,

de los vientos, de la tierra

Desde la torre más alta

-Mira hija como canta

-No es la sirenita, madre,

es la voz del Conde Olinos,

Si por tus amores pena

Y para que no los goze

que para casar contigo

 

-No le mande matar, madre,

que si mata al Conde Olinos

Guardias mandaba la Reina

-Que la maten a lanzadas

La Infantita con gran pena

él murió a la media noche,

A ella, como hija de reyes

A él, como hijo de conde

Della nació un rosal blanco,

crece el uno, crece el otro,

La reina, llena de envidia,

el galán que los cortaba

Della naciera una garza

juntos vuelan por el cielo

juntos vuelan por el cielo

mañanita de San Juan

a las orillas del mar.

canta un hermoso cantar.

se paraban a escuchar,

olvida su caminar,

la nave vuelva hacia allá.

que Dios te libre de mal,

y de las furias del mar.

la Reina le oyó cantar.

la sirena de la mar.

la de tan bello cantar,

que por mí penando está.

oh, mal haya su cantar,

yo le mandaré matar,

le falta sangre real.

 

no le mande usted matar,

a mí la muerte me dá.

al Conde Olinos buscar.

y echen su cuerpo a la mar.

no cesaba de llorar,

ella a los gallos cantar.

la entierran en el altar.

cuatro pasos mas atrás.

d’él nació un espino albar;

los dos se van a juntar.

ambos los mandó cortar,

no cesaba de llorar.

d’él un fuerte gavilán,

juntos vuelan par a par;

juntos se van a posar.

La Mañana de
San Juan

La mañana de San Juan

salíme yo a pasear

En medio de aquella huerta

el tronco tenía de oro,

a la sombra del ciprés

mata de cabello tiene

Con peine de oro en la mano

Luego que lo hubo peinado

Ha bajado un ruiseñor

y posado se ha en el pecho

Con las alas le hace señas,

–“Una dama como vos

tres horas antes del día,

por una huerta florida.

un alto ciprés había,

las ramas de plata fina.

vide sentada una niña,

que todo el prado cubría.

lo peinaba y lo tejía.

la niña se adormecía.

con alegre cantoría

de la niña adormecida.

con el pico le decía:

no pretende estar dormida”.